Otra tarde

ordenador2Corrió todo lo que pudo correr para llegar a casa. Estaba deseando sentarse frente a su ordenador y dedicarle el post que le había prometido.

Ya llevaba algo más de dos horas dándole vueltas a la cabeza cuando llegó el ansiado momento de plasmar lo que sentía. Las palabras elegantes, las frases de doble lectura y los sentimientos latentes fluían de forma casi inconsciente en aquella pantalla.

Escribió y escribió. Cuando se leía, una pilla sonrisa recorría su cara. Lo que su verbo creaba en ese momento le enorgullecía sobremanera.

Todo estaba listo para ser publicado, pero algo fallaba. No en el texto. No en la forma. No en lo sincero. No en lo especial.

Fallaba que ese rato era de ellos, no hacía falta compartirlo con nadie más. Siempre les quedaría ese recuerdo. Ese momento. Pero solo a ellos dos.

Decidió entonces borrarlo todo, que nadie lo leyera.

Pero él es un hombre de palabra y tenía que dedicarle ese post. Este post.

Así que decidió escribirle lo que gritaba lo más profundo de su corazón:

Cuando estoy junto a ti soy un privilegiado. Gracias amiga por dedicarme otra tarde.

@JcVirin

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La chica de nombre vasco y acento sevillano

Eran malos días para ella y un típico martes para mí. Seguramente ninguno de los dos esperábamos nada especial. Nada digno de contar.

Cuando ella entró en aquella sala, se sintió tímida y dubitativa como cada día de aquella semana. Yo, lenguaz y caradura como cada martes, le propuse que se sentara en mi mesa mientras ella presentaba su nombre vasco y su acento claramente sevillano.

Y es que ya sé por experiencia que es posible construir una amistad verdadera en dos horas, que aunque solo dure ese día, deje una huella para ambos.

Seamos sinceros, lo más seguro es que nos olvidemos mutuamente en unos días, pero al menos nos reímos juntos ese rato mientras nuestra breve camaradería se construía gracias a minions naranjas, lápices de colores y, sobre todo, un antagonista común.

Charlamos, cotilleamos, reímos y disfrutamos como los enanos que somos o que fuimos, hasta que llegó la hora de la despedida. Una despedida triste por el sitio, pero una despedida alegre porque es para siempre, y allí las despedidas para siempre son las mejores.

Te deseo lo mejor, chica de nombre vasco y acento sevillano. Ojalá no haga falta volvernos a ver.lapiz

@JcVirin

Notitas con olor a frambuesa

notita2Era una tarde soleada de un día primaveral cualquiera. Una de esas tardes en las que Luis disfruta paseando por su ciudad, perdiéndose por sus callejuelas y parándose a observar esos pequeños detalles que hacen maravilloso cualquiera de sus paseos.

Pero hoy no era posible ese plan. El destino ya había decidido que le tocaba hacer de las suyas.

Su tarde consistía en pasar una tras otra las páginas de sus viejos apuntes de la carrera, buscando un algoritmo de esos que sus profesores decían en clase que el día menos pensado le haría falta para algo.

Pero como suele ocurrir en esta vida, los días menos pensados acaban llegando, y tras muchos años presumiendo del tan socorrido “asignatura aprobada, asignatura olvidada”, hoy tocaba buscar el dichoso algoritmo.

Por supuesto, al igual que casi siempre que buscaba algo, ese algo no aparecía por ninguna parte. Por lo que ya solo le quedaba un cuaderno que revisar. Concretamente de una asignatura de la que él juraría que era imposible que contuviera lo que buscaba. Pero por quedarse tranquilo, decidió rebuscar también entre ese montón de tinta en forma de mala letra por si acaso.

Cuando pasó la cuarta o quinta hoja, vio un pedacito de papel doblado. Le pudo la intriga, lo abrió y antes de poder ver una sola letra, un aroma a frambuesa inundó la habitación, creando en su estómago un escalofrío tremendo. Era una notita de Sonia.

¿Por qué tenía que aparecer eso hoy? Llevaba más de un año sin acordarse de ella y pensaba que ya lo tenía completamente superado.

Sonia era su compañera en la universidad. Su gran amiga. Su único amor. Su triste desamor.

Sonia nunca fue la más guapa de su clase, ni tampoco la más lista. Pero siempre fue la más encantadora y los dos tenían tanto en común que la primera vez que hablaron, él se juró a si mismo que haría todo lo posible por enamorar a esa muchachita rubia que se ponía gafas para tomar apuntes y que le pasaba notitas con olor a frambuesa en clase.

Durante sus años universitarios todo el mundo pensaba que, o estaban juntos, o acabarían juntos. Pero el miedo no se lo permitió. Concretamente a Sonia, el miedo a estropear una amistad tan importante para ella. Concretamente a Luis, el miedo a incomodar a Sonia.

Tras acabar sus estudios todo se enfrió. Sonia se fue a trabajar a otra ciudad, comenzó a juntarse con otra gente y empezó una nueva vida.

Él en cambio, hacía todo lo posible por verla. La llevaba y la recogía de la estación cada vez que Sonia iba a ver a su familia, e intentaba ir a visitarla a su nuevo entorno. Pero nada era lo mismo y todo era cada vez más frío.

Todo siguió así, cada vez más frío y distante, hasta que un día, casi sin darse cuenta, su amistad se convirtió en nada. Y en esa nada llevaban ya tres largos años. Tres años que acabaron justo cuando apareció esa notita que olía a frambuesa.

Luis decidió coger el teléfono y llamarla, pero resultó que la persona que le respondió no era ella y que ese número había cambiado de dueño.

Pasó a su plan B, buscarla en redes sociales, pero tampoco aparecía.

Luís solo tenía claro que la seguía amando, y que quería cumplir la promesa que se hizo hace justo diez años y conseguir enamorarla.

Así que cogió su coche, y tras cuatro horas conduciendo en las que solo paró un momento para comprar flores, llegó a la última casa en la que supo que ella estaba viviendo.

Fue en ese instante cuando le entraron las dudas. ¿Y si ya no vivía allí? ¿Y si se había casado? ¿Y si simplemente no quería verlo?

Se tragó todos sus miedos y llamó a la puerta. Tras un minuto eterno de espera, abrió una señora que no conocía a Sonia, y que decía que ella ya no vivía allí.

Eran las 10 de la noche y acababa de gastar su última opción. Triste y bastante hundido, decidió dar por esa ciudad desconocida el paseo que el destino le impidió dar esa misma tarde.

Aún con el ramo de flores en la mano, mientras caminaba por una céntrica calle escuchó “¿Luis?”. Era la voz de Sonia, entre incrédula e ilusionada.

Ambos corrieron hacia su encuentro y se abrazaron.

Sonia rompió a llorar cuando olió la frambuesa de la notita que Luis llevaba en el bolsillo de su camisa. De repente todos los recuerdos pesaron sobre ella y le dijo a Luis:

– Me fui de tu vida porque no supe quedarme en ella. De veras que lo siento.

A lo que Luis contestó:

– ¿Sabes qué? Hoy hace un día muy bueno, ¿te apetece que paseemos juntos?abrazo

@JcVirin

Tres golpes y un aroma

mujer sombreroEra de noche, no muy tarde. El cielo y yo llevábamos todo el día muy nublados, y esa noche era especialmente oscura tanto de iluminación como de ánimos.

Aprovechando que no había nadie en casa, me senté en mi pequeño despacho a escribir para relajarme. O al menos lo intenté porque la inspiración no llegaba.

Entre tachón y tachón sonó el timbre de casa. Pensé que era raro que alguien llamara a esas horas y me acerqué para ver quién era. Pregunté y no recibí respuesta. Miré por la mirilla y no había nadie.

Extrañado volví al despacho para continuar y justo al sentarme escuché un ruido en el interior de la casa. Fueron tres golpes. Tres golpes secos sobre madera. Tres golpes que claramente no fueron fortuitos.

Me apresuré a ir al salón y ver qué pasaba. No vi nada sospechoso pero sentía como si alguien me mirara desde atrás. Me giré y vi una silueta moverse.

Estaba de espaldas pero tenía figura de mujer. Iba toda vestida de negro y llevaba el pelo recogido en un sombrero de ala.

Me quedé petrificado. Quería gritar, llorar, correr, huir o hablar, pero mi cuerpo respondió quedándose en el mismo sitio, observando cómo esa mujer caminaba hacia mi despacho arrastrando su largo traje con una tranquilidad pasmosa.

Cuando reaccioné grité “¿Quién eres?” pero no obtuve respuesta. Volví a gritar lo mismo, pero solo escuché silencio.

Respiré profundo cinco veces y tembloroso caminé hacia la habitación donde ella había entrado. Al llegar asomé la cabeza con una odiosa mezcla de miedo y curiosidad. No había nadie.

Miré por todas partes y ella no estaba allí. Revisé toda la casa y no había nadie. ¿Quizás me había vuelto loco?

Llegando de nuevo al despacho me senté nervioso y empecé a notar un aroma familiar. Un aroma que hacía mucho que no olía. Un aroma que removió todos mis sentimientos.

Sentado observé cómo encima de la mesa, situada justo debajo de un libro, había una foto. Una foto de un tiempo mejor. En ella salía abrazado a la que había sido el amor de mi vida, la dueña de ese aroma que impregnaba el ambiente.

Di la vuelta a la foto y vi escrito a su letra: “Te esperaré al otro lado, no me olvides”.

@JcVirin

No es para ti

esposas2

Si lee tu móvil a escondidas, no es para ti.

Si te separa de tus amigos, no es para ti.

Si tienes que estar pidiendo permiso, no es para ti.

Si te da a elegir entre él o ella y otras personas, no es para ti.

Si está pendiente de la hora de tu última conexión en Whatsapp, no es para ti.

Si no te atreves a hacer algo por su posible reacción, no es para ti.

Si te amenaza constantemente con dejarte, definitivamente no es para ti.

Perdona lo que te voy a decir, pero si te sientes reflejado o reflejada en estas palabras, tú no sientes amor. Lo que tú sientes se llama miedo.

@JcVirin

Acordándome de ella

llamada¿Por qué llevaba toda la semana acordándome de ella?

Si hacía más de dos años que no nos veíamos, más de un año sin hablarnos y casi 10 meses que decidí que ni siquiera quería ver una foto suya porque me hacía mucho daño.

Perdimos el contacto hace ya demasiado. No fue por nada especial, o a lo mejor por algo demasiado especial. No lo sé, en su momento no me quedó muy claro, pero daba igual, mirara donde mirara ella ya no estaba junto a mí, y eso era justamente lo que me atormentaba y entristecía.

¿Y por qué en esa semana, ese día y ese momento sí la necesitaba? La verdad que no lo sé, pero es que no me la podía quitar de la cabeza. Para ser sincero, en estos años nunca me la pude quitar de la cabeza.

No podía más. Necesitaba saber de ella, coger su mano, oler su pelo. Así que de manera casi impulsiva cogí el móvil, abrí el Whatsapp, miré su foto mientras se me aceleraba el corazón y le escribí un mensaje que nunca envié.

Me pareció frío. Quizás cobarde. Sabía que no era lo correcto.

Así que, con todo el miedo del mundo, marqué su número, borrado ya de mi agenda pero no de mi mente y le di al botón verde.

El tono sonó una vez, dos veces y continuó hasta que empezó a comunicar. No respondió.

A lo mejor no se enteró del teléfono o a lo mejor estaba ocupada. A lo peor es que no quería hablar conmigo.

Varias horas después volví a probar. Nada.

Esa noche la pasé en vela. No era nada novedoso para mí, pero hacía tiempo que no podía dormir una noche debido a los recuerdos que abarrotaban mi cabeza.

Al día siguiente volví a probar, “ahora o nunca, si no me responde no la volveré a llamar” pensé.

Al tercer tono escuché una voz de hombre:

– ¿Hola?

– Hola, ¿puedo hablar con Marta?

– ¿Quién eres?

– Soy David, un antiguo amigo – contesté bastante inseguro.

– ¿Tú eres David? Gracias a Dios. No te asustes con lo que te voy a contar…

– Lo siento, pero creo que ya estoy asustado – dije con voz quebrada.

– Verás David, soy Mario, el hermano de Marta. Ella está en el hospital. Los médicos no saben exactamente qué es lo que tiene, pero piensan que le puede quedar tan solo unos días de vida.

– No puede ser- en ese momento dos lágrimas viajaban por mis mejillas, mientras imaginaba toda una vida sin ella.

– David, lo único que sé es que tienes que venir a verla. Lleva cinco días casi inconsciente, pero claramente balbucea tu nombre.

Menos de dos minutos después ya iba montado en un taxi camino del hospital.

Entré en la habitación sin decir ni hola. Fui un maleducado pero solo quería verla y cogerle la mano para que supiera que ya estaba allí con ella y que no la iba a dejar sola nunca más.

Pasaron los días, y no me separaba de ella. Su estado fue el mismo hasta que un día, sin saber muy bien a qué fue debido, empezó a mejorar. Tanto que recobró la consciencia.

Cuando abrió los ojos y me vio allí vi la sonrisa más sincera que jamás he visto. “Sabía que vendrías” me dijo casi sin poder hablar.

Semanas más tarde, mientras Marta se seguía recuperando, fuimos a dar uno de nuestros paseos por el patio del hospital.

Como siempre, íbamos hablando, riendo y haciéndonos bromas mientras empujaba su silla de ruedas. Aun estaba muy débil para caminar.

Sentados en el jardín, Marta me miró y me preguntó:

– David, ¿cómo te localizó mi familia?

– Bueno, dio la casualidad de que te llamé. Tenía ganas de hablar contigo. Más bien, necesitaba hablar contigo. Te echaba demasiado de menos.

– La mañana que enfermé tuve la misma sensación. Iba a llamarte, pero al final

– Al final lo importante es que ahora mismo estamos juntos– le dije sin dejarle acabar.

– No David, te equivocas- Me dijo con su sonrisa que me volvía loco.- Al final lo importante es que, si tú quieres, voy estar toda mi vida junto a ti.

@JcVirin

No eres tú, soy yo

cafe4Siempre andaban tonteando, contándose cosas y jugueteando entre ellos. Solo querían pasar tiempo el uno con el otro, pero nunca llegaban a más.

Fue así por largo tiempo. Justo hasta el día en que ella encontró el amor con otro. O al menos algo que a ella le pareció amor.

Entonces su amistad, sus historias, sus tonteos, se acabaron de golpe. Ella desapareció durante meses, en los que casi no dio noticia alguna por mucho que su fiel amigo hacía por verla.

Hasta que un día sonó un teléfono en cualquier lugar. Era ella, llorando a lágrima viva, y diciendo:

-Me ha dejado con un “no eres tú, soy yo”.

Una hora más tarde ya estaban en una céntrica cafetería, frente a dos grandes tazas de café decoradas ambas con un corazón sobre su espuma.

Tras un buen rato de desahogo emocional, ella preguntó:

– ¿Por qué tienes que ser tan bueno conmigo si sabes que no lo merezco y que además lo nuestro nunca será más que una amistad?

A lo que él, tranquilo y sereno como acostumbraba, respondió:

– Porque ya sé lo que es perderte, y créeme, prefiero pasar una vida entera soportando lo que siento, que volver a pasar un solo minuto sin ti. No olvides, que si hablamos de nosotros, quien quiere al otro no eres tú, soy yo.

@JcVirin

Un año como docente

IMG_0166Parece mentira pero mañana hará un año, justo un año, desde que comencé en este mundo de la docencia “de verdad” haciendo mis prácticas en un instituto.

Entrecomillo “de verdad” porque antes había dado clases particulares, y también había trabajado en una academia de cuyo nombre prefiero no acordarme y donde un terrible jefe intentó quitarme la ilusión por enseñar. Por suerte no lo consiguió.

En el instituto tuve a la mejor tutora del mundo y de la que ya os hablé hace unas semanas. Pero es que también tuve unos alumnos que me recibieron con los brazos abiertos. Y eso que eran casi 150.

A ellos y ellas, mis alumnos y alumnas, les enseñe algo de matemáticas, es cierto, pero me lo devolvieron enseñándome a mí mucho más.

Aprendí a llevar una clase llena de adolescentes, a mejorar mi letra en la pizarra y escribir derecho, a reñir, a dar apoyo en malos momentos, a disfrutar en clase, a jugar con las mates, a ponerme en su lugar… Y así podría estar días.

Y es que como ya sabéis soy un profe vocacional, y quiero ser el mejor profesional posible en mi trabajo. Pero no quiero ser el mejor por ego propio o por escalar laboralmente. Quiero ser el mejor porque tengo una responsabilidad enorme de formar las personas que dentro de pocos años serán las responsables de este mundo.

El día que acabé las prácticas dije: “Muy enriquecedora la etapa que se ha acabado hoy. Tremendamente ilusionante la etapa que empieza mañana”.

Pues esa etapa que empezaba “mañana” ya hace muchos meses que comenzó, y difícilmente podría haber ido mejor, habiendo trabajado primero en una academia de verdad (y que mira por el bien de sus alumnos) y actualmente en un cole es el que soy completamente feliz.

Así que espero de corazón que esas 150 personitas que hace un año me dieron su confianza, hoy se puedan sentir orgullosos de mí.

Yo, al menos, me siento muy orgulloso de todos ellos.

@JcVirin

La envidia de Facebook

envidia facebook

Hace tiempo me encontré con un compañero de la facultad que hacía tiempo que no veía.

Como es normal en estos casos le pregunté cómo le iba la vida. Él me estuvo contando que su empresa lo había mandado a un país en el que no quería estar, para realizar un trabajo que le amargaba durante 12 horas al día y que sus compañeros eran extremadamente competitivos y se pisaban los unos a los otros.

Pensando que su respuesta iba a ser el dinero o la ambición dentro de la empresa, le pregunté qué era lo que le motivaba a seguir en ese trabajo en vez de intentar buscar algo que le hiciera feliz.

Su respuesta fue: “Estando en ese país puedo subir fotos a Facebook y así todo el mundo me envidia“.

Los sentimientos y las preferencias de cada persona son muy respetables, eso es evidente, pero yo tengo muy claro que prefiero unas redes sociales menos “envidiadas” pero estando feliz el máximo de tiempo en mi día a día.

@JcVirin

Un café con leche de soja para llevar

cafe-y-libroSiempre coincidían en la misma cafetería a la misma hora. Día tras día, de lunes a jueves. Así prácticamente un año.

Ella siempre entraba en el local y pedía un café con leche de soja para llevar.

Él siempre esperaba su llegada mientras bebía té y leía.

Ambos se miraban furtivamente, intentando que el otro no se diera cuenta. Pero el miedo, la vergüenza o no se sabe muy bien el qué, nunca les permitió hablar.

Un día, cuando ella llegó a su cita diaria, el misterioso lector no estaba. Por lo que decidió marcharse sin su café. Al siguiente día exactamente lo mismo. Daba igual pedir el café o no, solo iba para verlo a él.

Así durante dos semanas.

Un día se decidió a entrar y preguntar si sabían algo de ese muchacho que tanto le fascinaba. Pero antes de poder preguntar nada el camarero le dijo: “Tengo una cosa para ti, pero llevaba tiempo sin verte”.

Le preparó rápidamente un café con leche de soja para llevar y le entregó un libro de poesía de Bécquer.

Al abrir la primera página había un pequeño escrito a mano:

Me encantaría que un día nos tomáramos un café con leche de soja para llevar mientras paseamos.

Para no incomodarte, si no quieres, no volveré a esta cafetería a esta hora. Pero si te apetece ese paseo, te esperaré cada día durante dos semanas justo una hora después de que estés leyendo esto.

Si no, al menos espero que disfrutes de este libro tanto como lo disfruté yo”.

Con una mezcla de ilusión y nervios cayó en la cuenta de que ese día era el que hacía dos semanas, y una gran incertidumbre pesó sobre ella.

Quizás su misterioso amigo llegaría una hora más tarde. Quizás había perdido la oportunidad de conocerle.

Pero lo que sí es seguro es que ella se quedó para comprobarlo.

@JcVirin